Last ones dancing.

Y como puedo, me reflejo en vos para concentrar el silencio a mis preguntas, sos todo lo que no quise hacer y aún así hago. Al final del día espero correr todo riesgo y abandonar lo estable por lo volátil de tu nombre y los tiempos después del porqué sólo para poder seguirte viendo de cerca sin que podás evitarlo. Sos la última razón atrapada en mi puño que carece de sentido, la única que conservo a pesar de lo efímero y circunstancial, a pesar de lo impredecible. Nunca voy a saber qué guardás detrás de tus ojos sin que me lo digás más de tres veces; y tampoco quiero que me narrés todo lo que han visto y dejado ir, sólo espero que los mantengás firmes y no los escondás cuando te haga la última pregunta.

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El mendigo en el andén

No seas víctima de los años, no todos tienen un nombre escrito. No se quién te persigue o lo que vos perseguís, tampoco soy consciente de lo que dejaste o te dejó.

Cuando vos estás fuera, sólo me queda esperar despierto hasta que la noción te devuelva a la conversación y que por alguna extraña razón agregués mi nombre a tu lista de cosas por llevar a tus lugares oscuros. Podría quedarme en la puerta por días, pero no quisiera yo perder lo único cuerdo que te ata a mí y dejar que todo se vaya al carajo. No se si el día se vaya a encontrar, quisiera estar seguro pero mi arrogancia y costumbre de negar los hechos futuros me hace recobrar el sentido real de lo que continuamos llevando hasta acá, pero también me hago reconocer que no todas las líneas llevan a un final.

No tiene sentido dejarte de pensar para empezar de nuevo, se me van los días tratando de alcanzar desesperadamente un lugar que no esté ocupado por otra historia dueña de tus ojos. Tratar de llevarte el paso tampoco me acerca, sólo me recuerda al destiempo ya formando parte de mí y los lugares que nunca he podido dejar atrás por su causa…

Rotando

No persigo el énfasis, sino lo impredecible y el cómo detenerlo, utilizarlo como excusa para no llegar al fin; cambiarle el nombre y permitirme darle forma por detrás… agregarlo a lo pendiente por ser descrito.

Sé que ceder el paso a los límites y no dejarlos a la deriva me hace partícipe de la conclusión que nunca quiero alcanzar. El fin nunca pierde certidumbre y acerca su paso lento hacia mí, pero mientras la cordura golpee el pecho con su calor nostálgico, el recuerdo permanece activo y me deja seguir con las historias inconclusas…

Fuera de mis líneas fuiste el sentido y el lugar; dentro, sos lo que está bien. Fuiste punto ciego, desvarío; pero también tiempo detenido. Hoy sos un recordatorio de mis límites, la hora de la noche a la que nunca llego despierto, palabra que agoniza en el puño y muere ensangrentada en papel. Y vas a ser conciencia, melancolía, cierre de la última noche de abril, lo que preparé frente a mí durante días enteros y salió de lo peor.

Punto de partida, punto ciego, punto muerto.

Dos vos.

Todo llega, no hay tiempo.

Entre el sabor amargo de pasado e incertidumbre o en noches insípidas nubladas y fugaces, cuando se alcanza el punto muerto y vano donde las palabras flotan sin significado alguno.

Llega como idea, inspiración, recuerdo, reflexión en espejo, abriendo el solitario nombre repetido incontables veces a lo largo de la historia. Camina al lado, silencioso, como sombra atravesando los días en los que nunca estuvo, como todo lo demás desvaneciéndose cuando en el fin se menciona y volviendo irreconocible, olvidado.

Oculto en palabras, en pérdida, esperando al golpe de contradecirse en retrospectiva, esperando a los dos vos.

Hora fina

​Todo se concentra en fragmentos contados con el instante de un parpadeo; se apaga la luz consciente y la idea de uno mismo se ve en todo lo demás… y ya ciego, el golpeteo en el pecho transformado en palabras al fin sale, se va, se deshace el exterior y con los últimos latidos se sostiene la voluntad de permanecer en éste plano aunque la oscuridad le envuelva. El ruido exterior se transforma en el último enlace luego de abrir los ojos y ver directo a nada, que irónicamente se transforma en todo lo que existe. Lo más importante se acerca, la última luz, el legado, una última oportunidad de tocar una idea para cambiarla, arreglarla: las últimas palabras.

​Si es posible la contracción en caminantes la habría encontrado dormido y la olvidaría al momento de volver a mi ruta programada. Vivo ido, fuera del fin, siempre en movimiento junto a algunas sombras perdidas en el tiempo y la culpa.

Si querés respuestas sólo mantené la vista enterrada en mi cuestionable cara hasta la línea final, aunque nunca haya existido realmente; dame tiempo, ya tengo demasiado con tu nombre anclado a la tarde de mis últimos domingos y tus frías manos sobre mi nuca el resto de la semana; dejame perder la cordura con las ventanas de los edificios y palabras sin sentido, no tratés de hacerme ver lo lejos que estoy de seguir en el camino, al final siempre voy a voltearte a ver.