Un lugar que solo ellos conocen.

Difícil no ceder ante el miedo invencible. No se si es más difícil el vivirlo de lejos, sin saber sus nombres, o imaginar el qué será de mí si al final me convierto en un número más al igual que ellos. No sirve de mucho el quedarme solo dentro de cuatro paredes nada sólidas, no me retienen, mi mente estúpida divaga y tiene ideas más allá de las que pueda resistir. Me han dado la idea de ser el -uno- que venga a detener el colapso y la catástrofe, la oportunidad de sentirme héroe sin mover un solo dedo para lograrlo, aunque no parece suficiente si tengo que ceder mi cordura sin saber si volverá por sí misma. Egoísmo o estupidez, o ambas o ninguna.

Olvidé cuándo fue la última noche que usé para dormir, ahora solo espero al día siguiente para al fin decidirme ahogar mi cabeza siempre en movimiento y perder la consciencia para al fin iniciar de nuevo la rutina. Ahora se que puedo fingir estar convencido por mis excusas, no tengo energía para esforzarme en ellas para hacerlas más creíbles.

Y es complicado despertar al día siguiente pensando en si ese será el día final, cuando oportunamente aparezca en una cama que no es cama, desconociendo a los que conviven conmigo, con dificultad para mantenerme despierto y con una incomodidad profunda, impidiendome hacer algo tan simple y automático como respirar.

Mi vida: tu vida.

Ahora que estamos atrapados en la lejanía sale a relucir lo que extrañaba del silencio: lo difícil que era mantenerlo. Cada vez que me acercaba a susurrale cuánto lo quería de vuelta lo ahuyentaba el sonido de los autos en la avenida; pero cuando al final lograba cruzarlo conmigo, por un momento, sabía quién era yo, porque dentro del vacío encontraba mi nombre. Ahora que vivo con él se lo que significa soportarse, cayendo una y otra vez en la desesperación de querer saber a dónde ir cuando se tiene al frente la bifurcada. No se qué es lo siguiente, pensaba haber aprendido a leer mis paranoias, y, sin embargo, aún me captura la demencia cuando volteo a ver el peligro inminente aumentado por mi sobreprotectora conciencia.

Después de unos minutos regreso a la realidad creada para no perder la serenidad… sabía que esto pasaría… Una recreación de lo que pude haber sido de no haber vivido mi pasado. Pensar que mis debilidades son más fuertes que yo, que lo que me mueve no soy yo mismo sino algo mayor que encuentro de repente cuando dejo de buscar preguntas. La curiosidad solo me deja varado a medio camino para hacerme aprender el cómo volver a mí, preparándome para lo que viene. Esto está difícil.

500

Hay noches de insomnio donde intento meter lo vivido: el bien y el daño, los enemigos íntimos de cuando fui mi antagonista y todas las cervezas que nunca me tomé por estar a un lado del camino de los exhibicionistas. En mi delirio y desvío siempre lo dejo inconcluso, y la carga de dejar las cosas a medias me obliga a empezar de nuevo cada noche, como una rutina protegiéndome de no tener más en que pensar cuando haya terminado. Despierto olvidándome de los nombres y trato de volver a la realidad mirándome fijo al espejo preguntándome si aún soy autor de lo que fui. Tiempo al tiempo, después de meter quinientas noches en un par de horas no es extraño el colapsar y caer en el olvido. Al final me quedo con lo que cabe en la palma de mi mano, volviendo a mí, confiando en mi instinto de volver a la melancolía cuando es preciso.

Términos y condiciones

Todo está dicho, menos la verdad. La línea final dejó su lugar y te acompañó hasta perderte en el horizonte, junto a la última palabra que tuve miedo de pronunciar. Se que después de todo no le queda valor a lo conservado en mi pecho, aún tenía algo que darte y lo transformaste en adiós. Traté de salvarte de vos misma, de traerte de vuelta hacia la serenidad de lo sedentario, lo simple y lo que la mayoría solo ve de reojo; mis intentos terminaron en vos llevándome a los límites de la inconsciencia, de las preguntas sin respuesta. Me hiciste ver que nada está fuera de mí, que tengo algo de todo, de reconocerme aunque vea a alguien diferente frente al espejo, y, aunque nunca creí de verdad en lo que me decías, lo guardé para algún día poder escribirte sobre cómo terminé aceptándolo.

Post crédito

Quizá sí pueda haber un inicio… otro… Tengo varias ideas de qué hacer después para ser importante. Se que de una u otra forma mi nombre va a recorrer el tiempo mismo y no envejecerá, aunque también tengo presente la dificultad del quedarse con tal magnitud. Un inicio sin pasado, así sería mi historia, la verdadera, la que construí por años, la utopía mental: nada nunca fue tan radical como para escoger qué hacerle ver al resto…

…Aunque no podría cambiar tanto los hechos, me persigue la ética. -Soy demasiado bueno-como para inducir semejante historia. Evitar el flote de la verdad cuando se está en el fondo no es posible y no quiero salir a la superficie para decir la verdad de forma diferente, haciendo creer una mentira.

Last ones dancing.

Y como puedo, me reflejo en vos para concentrar el silencio a mis preguntas, sos todo lo que no quise hacer y aún así hago. Al final del día espero correr todo riesgo y abandonar lo estable por lo volátil de tu nombre y los tiempos después del porqué sólo para poder seguirte viendo de cerca sin que podás evitarlo. Sos la última razón atrapada en mi puño que carece de sentido, la única que conservo a pesar de lo efímero y circunstancial, a pesar de lo impredecible. Nunca voy a saber qué guardás detrás de tus ojos sin que me lo digás más de tres veces; y tampoco quiero que me narrés todo lo que han visto y dejado ir, sólo espero que los mantengás firmes y no los escondás cuando te haga la última pregunta.

El mendigo en el andén

No seas víctima de los años, no todos tienen un nombre escrito. No se quién te persigue o lo que vos perseguís, tampoco soy consciente de lo que dejaste o te dejó.

Cuando vos estás fuera, sólo me queda esperar despierto hasta que la noción te devuelva a la conversación y que por alguna extraña razón agregués mi nombre a tu lista de cosas por llevar a tus lugares oscuros. Podría quedarme en la puerta por días, pero no quisiera yo perder lo único cuerdo que te ata a mí y dejar que todo se vaya al carajo. No se si el día se vaya a encontrar, quisiera estar seguro pero mi arrogancia y costumbre de negar los hechos futuros me hace recobrar el sentido real de lo que continuamos llevando hasta acá, pero también me hago reconocer que no todas las líneas llevan a un final.

No tiene sentido dejarte de pensar para empezar de nuevo, se me van los días tratando de alcanzar desesperadamente un lugar que no esté ocupado por otra historia dueña de tus ojos. Tratar de llevarte el paso tampoco me acerca, sólo me recuerda al destiempo ya formando parte de mí y los lugares que nunca he podido dejar atrás por su causa…