Archivos Mensuales: abril 2014

Noches…

Era tarde, lo suficiente como para no querer ver el reloj. Solo llegué, acerqué una silla a la ventana del segundo nivel y me concentré en sentir el frío de una noche arriesgada y con mucho aire. Desde ahí no pude ver mucho, las luces naranjas me cegaron, me ocultaron lo lejano, ni siquiera pude ver la Luna. Tampoco había silencio o ruido, más que todo prevaleció la nada, la que sí pude ver y sentir por aproximadamente veintiocho minutos. Y sí, vi el reloj después de sentarme y antes de contar la permanencia de los minutos.
Al final no era tan tarde, nunca fui muy bueno adivinando o suponiendo, aunque hubo un lapso en el cual no importaba nada de eso. Estaba sentado frente al frío, el cual no fue mucho, con los pies en el aire, ese mismo que no se sentía, a las once treinta y tres de una noche difícil, escuchando canciones que me traían recuerdos inventados de alguna manera para sobrellevar el peso de una vida sin muchas historias dentro.
Seguía respirando profundo y lento, como si intentara agregar descripciones a lo que en ese momento escribía, hasta que el frío y la verdadera noche llegaron. Eran las dos de la mañana, hacían trece grados, seguía con mis pies al aire, los árboles comenzaron a moverse suavemente y comenzaron a sonar las canciones que habían sido parte de historias que no quería recordar. Ahí comenzaba todo, entre el riesgo de caer en el recuerdo de lo que realmente había pasado la noche anterior.

Cerré la ventana, alejé la silla, bajé la cortina y me desplomé en mi cama. La música seguía sonando.

Fue bueno estar ahí, en la punta de la realidad, a un paso de caer en el pasado y no salir de ahí… o tal vez no…

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