Archivos Mensuales: febrero 2014

Separata

Siempre es extraño redundar en un continuo pensamiento contenido a totalidad en memorias pasadas. Tal cual vivir piel adentro, descifrando codificaciones que transcribí alguna vez en el alma para resguardar de mí mismo los actos y voces que en algún momento me tocó vivir y aceptar. Donde mis pasos a puño y letra dejaron su desenlace; donde yacen el resto de las historias faltas de introducción, victoria o derrota; porque nunca las abandoné, son de mi conciencia, de mi esencia; son eso que usaron las consecuencias, fundamentales para hacerme quien hasta ahora soy.

Son lapsos que recargo mi hombro para que, cuando esté lejos y no encuentre mis reacciones, pueda viajar a esos indicios, suponerme conforme a lo que en ese lugar voy a ser y llegar hacia lo que ahora encontré que soy.

Porque bajo mi epidermis todavía conservo lo que no fue digno de mostrar; esos contras que llevaron tiempos y casi una vida con ellos siempre se mantuvieron intactos por el miedo a regresar al eclipse que me apartó de quien creí ser en realidad. Y a veces, cuando me desconozco, solo queda atravesar el muro que creé y ver mis límites para saber quién no quiero volver a ser…

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Horizontes

Todavía me sorprende la vida, no sé si será por ser demasiado joven o porque ya me han enseñado lo mucho que me falta por aprender. Me sorprende lo que somos, donde estamos; me sorprende todo lo que ha pasado, está pasando y pasará. Mientras camino voy sorprendido de los pasos que no he dado y nunca daré, pero también de los pasos que he visto dando a los demás. Me sorprende cómo la monotonía atrapa a quienes no saben cómo estar sorprendidos, de cómo la rutina los engaña y les habla siempre de la misma manera sobre algo relativo: cómo todo avanza hacia el mismo punto, cuando en realidad ellos mismos son responsables de llegar al próximo camino. Me sorprende el continuo roce del viento que solo se puede ver con los ojos cerrados, el perpetuo e imperceptible silencio de las voces que nunca dejan de hablar; de cómo pretendemos haber entendido la vida cuando aún falta por vivir. Me sorprende cómo se siente pensar sobre cómo se siente sentir.

Me sorprende cómo no sé qué sigo sin saber. Al medio de mis inmersiones pienso sobre lo que pretendo saber y llego a la conclusión de mis límites, de las salidas rápidas que le doy a los puntos que ni siquiera he interceptado; que siguen moviéndose en un espacio en el tiempo donde nunca he estado y que solo voy a vivir cuando me deshaga de mi definición de utopía, dejando a la deriva lo que soy para ir a lo que seré: lo que Dios quiera que sea.