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Carta a una extraña

Y cae la noche, caes tú. En mi lagar te esperé hasta que la luna salió. Claro que esperábamos algo más, tu consciente no me dejaba entrar y tus pupilas se congelaban dentro de mí. Me extrañó que no me permitieras abrazarte. Llovías y yo te observaba. Parecía que estabas a metros de distancia, la caminata me permitió conocerte mejor, pero nunca logré que dejaras de llover. Escuchaba tus pasos en las horas, a un eco de ti. Aquel recorrido externo desafiaba mi alma mientras tus dedos se paseaban por mi deseo de escribirte, pero tú no dejaste salir idea alguna de mi cabeza. Eres extraña, eres y no eres, apareces y no estás dentro de la metáfora, tú eres la metáfora que lucho por describir.

Las palabras no eran suficientes, lograste decirme eso con un suspiro hecho palabra dentro de la lágrima que logré atrapar. La ironía al fin se presentó.

Pareciera que tú nunca tendrás suficientes cartas. Esta es la primera que te ve venir. Te la presento. Ha sido mi amiga desde que mis ojos conocieron tu nombre. Déjala ser, hazla tuya. Te la regalo junto al movimiento continuo del viento acariciando tu cabellera castaña.

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Sonrisa inolvidable.

Cada encuentro opaca mi persona. Un paso, un segundo, una tercera mirada fija y me descifra por completo. Ella es lo inevitable, ella es la palabra que se necesita en el momento menos pensado, pero más preciso. Durante el camino voy preguntándome en ella, un enigma se aproxima, no estoy preparado. Sobra todo lo que hace falta, falta aquello que un día será pasado. Es casi imposible suponer qué fue y qué será cuando se topan sus labios con mi mirada. Quizá me encuentro con una realidad desintegrada por la ilusión de mis varias personalidades queriendo entrar a su ser al mismo tiempo. Destruye lo que no se ha construido, me habla más que con ella misma, no es consciente de lo dice además de sus palabras. Cada recorrido nuestro aumenta la sensación cercana del misterio que mi brazo rodea. Me pierdo conscientemente para encontrarme hablando con ella una vez más. Ella  es el laberinto que atrapa por momentos la razón de voltear a ver. Con cada minuto que escuchaba su risa al medio de su paso, se convirtió en una sonrisa inolvidable.