Archivos Mensuales: diciembre 2013

Vuelta a lo rotundo

Qué bien te recuerdo, la continua repetición de tu nombre aún ronda por mi cabeza en las noches extravagantes que no puedo dejar atrás. Tus cortos pasos llevándome a lo continuo de la vida, el instante y lo superfluo, y al final lo mucho que puedo robar de los límites. Tus pequeñas manos rondando por mi espalda, tu mirada espontánea, el rugir de tus pupilas, los recuerdos que plantaste… Aún permaneces en mi centro, la Luna aún tiene tu nombre.
Eras tan impredecible, nunca encontré el camino en tus razones, ni el verdadero brillo de tus ojos; quedó en mi centro como el eterno pendiente; y tu rostro no será un fantasma más, sino otra realidad dejada en algún momento de abril de la que quiero volver algún día.
Aún te recuerdo muy bien…

Cuenta Regresiva

“Vamos a caminar. Tengo aún un par de historias que desconoces y otras cuantas más que no han terminado. Paso a paso, sigo aquí, dentro, en lo profundo, también en la superficie; fuera de ti y también tan lejos que a veces no me ves. Cómo es la relatividad, al menos eso sí es cierto. Puedes ver hacia arriba y guardar todo eso en tus ojos, pero nunca sabrás el por qué, aunque tengas explicaciones. Puedes cerrar los ojos y ver que en lo más oscuro también se ve; aunque también, si quieres, podrías no ver.
El próximo paso es hacia atrás, así se avanza a veces, eso es relativo. Alegría perpetua y simple, pero a la vez verdadera; decrecer y dejar a un lado lo complejo que es ser feliz, cuando se comienza a examinar detenidamente el qué se siente estarlo, cuando se comienza a buscar debajo de las piedras cuando en realidad está en la palma de la mano que sujetas firmemente.
Mientras más sabes más dejas atrás.
Un paso a la vez, tranquilo. Hoy es ‘solo’ otro día más, o puede que sea un día menos. Alza la mirada hacia adentro. Relatividad otra vez. Yo estoy ahí, mucho gusto.”

Sueño de una noche en invierno

Fui efímero en mí ese momento, palabras iban y venían mientras las agujas del reloj avanzaban sigilosas, parecían estar petrificadas por el escalofrío que emanaba mi espalda. Al otro lado de la mesa una mirada profunda, absorbente, oscura y plantada en lo profundo de mi alma, reprochando mis continuas interrupciones y refutando ideas; reclamando el mismo silencio provocado por ella y las explicaciones perdidas que nunca volverán.
Se nos escapaban las conclusiones antes de pronunciarlas, y perdí varios debates por querer perderme, por querer entrar en algún espacio de sus pupilas… inconsciente di los pasos y cedí la mirada.
Mientras la velada salía, yo seguía en un mismo instante recobrado casi como un deja vu a lo largo de suposiciones y esperas a eternidad. Un par de ocasiones me dejé llevar, pero ella me dejaba a medias, haciéndome un nudo entre los dedos al intentar rozar su piel… esa luz tenue de Luna…
Eramos dos en la ciudad vagando en el otro a tiempo detenido, fuimos momentáneos y sin mañana, un pasado con lugar en el presente…

La noche pasó, las palabras también, y aunque hablé de más, faltó mucho por decir…