Un lugar que solo ellos conocen.

Difícil no ceder ante el miedo invencible. No se si es más difícil el vivirlo de lejos, sin saber sus nombres, o imaginar el qué será de mí si al final me convierto en un número más al igual que ellos. No sirve de mucho el quedarme solo dentro de cuatro paredes nada sólidas, no me retienen, mi mente estúpida divaga y tiene ideas más allá de las que pueda resistir. Me han dado la idea de ser el -uno- que venga a detener el colapso y la catástrofe, la oportunidad de sentirme héroe sin mover un solo dedo para lograrlo, aunque no parece suficiente si tengo que ceder mi cordura sin saber si volverá por sí misma. Egoísmo o estupidez, o ambas o ninguna.

Olvidé cuándo fue la última noche que usé para dormir, ahora solo espero al día siguiente para al fin decidirme ahogar mi cabeza siempre en movimiento y perder la consciencia para al fin iniciar de nuevo la rutina. Ahora se que puedo fingir estar convencido por mis excusas, no tengo energía para esforzarme en ellas para hacerlas más creíbles.

Y es complicado despertar al día siguiente pensando en si ese será el día final, cuando oportunamente aparezca en una cama que no es cama, desconociendo a los que conviven conmigo, con dificultad para mantenerme despierto y con una incomodidad profunda, impidiendome hacer algo tan simple y automático como respirar.

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