Archivos Mensuales: agosto 2013

Renglón final

Hay almas partidas que viajan tan lejos que dejan de ser. Cuando muera ¿Qué será de lo que es? La contraparte de mi verdadero yo quisiera yacer en una tarde, aunque eso no será importante. Planear un funeral es triste, pero más triste es planear triste un funeral. La vida está esparcida por el polvo microscópico que roza la piel en un día gris, o en la luz que emana el tan limpio amanecer de una noche de reflexión y cambio; por eso se va tan rápido… se desgasta. ¿Qué mejor manera de desgastar la vida que viviéndola? Existir ya es dejado tras el horizonte, un límite nuevo e inalcanzable es trazado, estoy listo para comenzar.
Leyendo reconocí un antiguo pensar… ¿Qué será de mi funeral? Un adiós negro es pintado al escuchar esas palabras, pero no todo es lo que parece. Nadie ha vivido un funeral feliz, o al menos eso creía. Que el tiempo no es suficiente es correcto, el tiempo es justo, llega cuando llega porque simplemente llegó. Nada más, nada menos.
No quisiera yo irme dejando un día lluvioso en vez de mí; no quisiera irme dejando un recuerdo desvaneciéndose por resentimiento; quisiera irme dejando lo que trato de dejar estando aquí, sin nostalgia, melancolía o culpas.
No quisiera ser un día negro en el pasado, ni un adiós rebobinado. Lo que quisiera está plasmado en lo dejado dentro del alma de los que realmente saben dónde he estado.
Y que, al final, un “Peleó la buena batalla” sea escrito en el frente de mi estadía acá, para yo recordarme, aferrarme al brazo del Todopoderoso y decir “sí pude”.

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Tiempo Detenido

La vista puede perderse en cualquier momento, el algún vacío cercano o lejano, en el soplo del aire matutino o en lo que se esconde detrás del reflejo. Cuando me pierdo, todo es más claro, más lento, todo se aferra a cierta parte de la incertidumbre de volver a empezar. El tiempo se detiene frente a lo detenido; casi siempre está nublado…
Estuve en lugares donde nunca he caminado, mis pasos han sido cortos y he avanzado más que muchos. La relatividad se esconde por dentro cuando el tiempo pasa, haciéndose pasar por perdida cuando la buscamos. Nadie se detiene a caminar, todos pasan y pasan como si no tuvieran tiempo…
Cada paso más es un paso menos, todo lo inhalado será exhalado, pero las palabras que se guardan quedan ahí para siempre, porque se escriben bajo la piel.
Escribir bajo la piel es detener el tiempo…

Tanto al paso del viento olvidado…

He tenido más insomnios que noches, también he parpadeado menos que los minutos del día. Es como si las noches fuesen más largas que yo y la madrugada estuviese más lejos que la Luna. Cada vez que regreso y descubro el instante en el que soy impreso en lejanía, me desconozco; y solo así puedo finalmente saber qué soy, cuando ya me he ido.
Con tristeza de lluvia he sobrevivido a las memorias perdidas entre noches aplastantes. Rostros vacíos ven mis ojos al cerrarlos, y lo más extraño es cuando siento que los conozco.
Siento que soy lo que no es y no recuerdo lo que fue. Siento que estoy perdido entre mi memoria, recordando solo lo que vivo perdiendo. Siento que la vida es sueño, un sueño que perdí hace mucho tiempo. Siento que camino sin dejar huella, y está bien, no importa, pero no sé dónde he estado.

Olvido

Pasa pasa, el sueño pasa
Como lluvia y gente bajo ella
Tiempo y alma no retrasa
Como un sonido sin retorno

Un lugar armado en destello
Descomponiendo ambos lados del camino
Pero ni la niebla espesa desvanece
Las voces saliendo de ella.

Memoria de un “No recuerdo” 2

Con ojos cerrados y con alma en tinta comencé a escribir sobre algún instante que ya había sido requerido por el olvido hace un tiempo atrás; un rostro entre niebla, puntos suspensivos manteniéndome distante y una larga noche a quien mantenerle el paso.
Sigo buscando en mi memoria algo que nunca mantuve, como deja vu de alguien más, persiguiéndome por debajo del contexto (Si fuera un libro, sería una nota del autor en blanco).
Un reflejo dentro de la mirada que nunca vi, una voz que nunca tuve, historias en la epidermis de algún eco distante vagando por el contorno de un momentáneo lapso de sueño despierto.
Pareciera que fuese una gota interminable de lluvia silenciosa, un pendiente con alguien que no existe; un par de puntos queriendo ser suspensivos..

Pasajero

Brillaba una tarde plena con sus dos en punto y descontando. Hacía rato habían comenzado a trazarse las líneas perseverando en la imagen arrojada por las ventanas del tren hacia la mirada de unos cuantos perdidos en esa sintonía; un silencio pesado se sentía en piel, indicando que en ese vagón no habían acompañantes, solo viajeros solitarios, y algunos, sin rumbo trazado.

La conciencia de tiempo se paseaba libremente por la cabeza de la mayoría; pero por la de uno bajaban y subían del tren el resto de pasajeros, que seguían y seguían marcando sus pasos por el suelo de madera, queriendo de alguna manera dejar huella en el viaje.

Luego de media hora de ocuparse del resto, puso basta atención a su subjetivo objetivo: la ventana y lo que ésta le podía enseñar.
Don’t stop me now, ‘cause I’m having a good time…
Sostenía en su garganta lo gritado por dentro, pensando a lo mejor en la relatividad brindada por la distracción sobrepuesta por él mismo. Veía su reflejo en el cristal y se preguntaba si realmente era él, si la existencia existía, si solo era un sueño de alguna noche perdida entre insomnios… y alguien se sentó a su lado.
El tren se había llenado, quién sabe de qué, pero no había otro espacio disponible, así que no quedaban sospechas. No quiso voltear o darle importancia al asunto, estaba entretenido
entre la ventana y su misma vista, pero el pasar de hojas al lado se mantenía intacto a pesar del ensordecedor sonido del tren; así que el instante para voltear se hizo presente.
Era una damita de pelo negro y piel de papel. Sus dedos delgados buscaban casi desesperadamente un algo en el cuadernillo que sostenía con su otra mano, hasta que se detuvo en el primer espacio en blanco que encontró. La perspectiva y el miedo de ser
descubierto husmeando le impidió saber qué escribía con tanto placer y dedicación, y parecía que en serio le importara leer el asunto.
Solo descubrió tres cosas: usaba anteojos de carey, auriculares y un shampú que lo llevaría lejos de ahí. Cuando ella levantaba la mirada, rápidamente regresaba a su ventana y a su sintonía. Quién sabe si ella podría leer su mente…
No se percató del largo rato que pasó haciendo lo mismo, hasta que ella se levantó y se bajó del tren. Estuvo tan cerca como tan lejos. Fue como el tiempo: relativo.

Cuando el tren se detuvo en la última estación, bajó sin recordar su propio rostro, no podía dejar de imaginar qué ocultaban esos anteojos o qué voz se escondía en lo que fuera que escribió.

En el regreso seguía sin recordar su rostro, pero no importaba. Lo que le mostraba el reflejo que encontraba en la ventana debía ser, pero aún se preguntaba si la existencia existía.

Memoria de un “no recuerdo”

No venían nombres ni lugares, era solamente un susurro pasando a mi lado y yo, atendiéndolo con cautela. Fue como perderme en un vacío muy conocido; como aquella imagen que se va, vuelve, y solo siendo ciego se reconoce. Pasé de ver hacia abajo a perderme en un recuerdo que quién sabe si realmente viví.

Después del instante todo fue pretexto para seguir caminando. En la cordura que me quedaba solo quería mantenerme en el metro cuadrado que me hizo viajar más de lo que había recorrido esa tarde, pero cuando regresé, ya todo se había ido.