Archivos Mensuales: marzo 2013

Tan lejos, tan cerca

Envejezco aquí, tirado entre un par de roturas temporales. Recolecto miseria al subir las gradas. Una y otra vez me veo a un espejo preguntándome quién soy, importando poco de qué viaje haya regresado. Miro hacia arriba, tratando de encontrar una voz que he ignorado mientras camino hacia un desierto y medio. Como que me gusta estar entre la espada de mi mano y la pared donde crecí. Es como abandonarme y traicionarme a mí mismo.

Pero toda la vida me voy a arrastrar, estoy pegado a mí. Lo que soy y no soy es parte de mi persona, por eso la realidad geminiana es totalmente cierta. Lo que quiero hacer no hago y lo que no quiero hacer, eso hago.

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La Sombra

Eran tantas horas las que permaneció sola y triste una sombra que intentó persuadir a su dueño de quedarse con ella más tiempo. Él siempre le negaba el pedido por su seguridad, la noche era demasiado seductora para ella, había probabilidad que se quedara ahí para siempre y el pobre hombre quedara solo bajo el sol por el resto de sus años.

Toda una calamidad enredaba su interior, acostumbraba a caminar por horas al lado de la carretera que no tenía fin bajo su simple punto de vista, el silencio en ese momento era dos voces mudas que se mezclaban con el eco que producían sus oídos al ver pasar el viento cálido de la época. Debatían y debatían sobre el mismo tema, pero el hombre nunca desesperó por su sombra, siempre le había sido fiel. En algunos puntos, cuando el calor los intentaba abrazar, se detenían bajo el árbol más cercano a descansar. Ahí la sombra aprovechaba a persuadirlo.

-Nunca te he dejado, a pesar del sol que siempre ha intentado desvanecerme- comenzaba la sombra. –La noche es muy pesada para ti- respondía sonriente el hombre. –Nunca la he sentido, así no puedes asegurarlo.- El debate siempre terminaba así, con una sonrisa y un misterio que parecía nunca ser revelado, hasta que la lluvia comenzó a florecer en un invierno modesto.

El hombre nunca usó sombrilla, adoraba esas gotas golpeando su cuerpo mientras su sombra se ahogaba en los charcos sobre los que él caminaba. Él se detuvo bajo ese mismo árbol del verano pasado para descansar un poco de la lluvia. Volteó hacia su sombra, ella yacía en el suelo, parecía como si estuviese temblando del frío. El hombre la abrazó. Su fidelidad realmente le conmovió. Durante el regreso todo era de suponerse. Al llegar a su hogar, el hombre acobijó a su sombra antes que desapareciera el sol, puso una mano en su hombro y susurró un par de palabras a su oído: ‘Esta noche te está esperando’. La sonrisa en el rostro incógnito de la sombra podía suponerse.

Ambos salieron a las veinte horas, cuando un par de nubes aún cubrían a la luna llena. Se había pronosticado un cielo claro esa vez y el hombre había aprovechado esa ocasión para sacar a pasear a su sombra. Caminaron por varios minutos sobre la carretera apagada a causa del pueblo donde vivían, que era viejo y pobre. Apenas se notaba la sombra del hombre sobre el asfalto oscuro, nunca le quitó los ojos de encima por el temor al perderla en la oscuridad que cautelosamente se apropiaba de la sombra. Tal parecía que el pronóstico había sido errado, cada vez más nubes se sobreponían sobre la opaca luz de la luna. El miedo invadió al hombre que, tratando de controlarse, le habló a su sombra:

-Vamos ya, se está apoderando el frío y no traje suéter- La sombra solo lo observaba, e hipnotizada por la belleza de la noche, negó el pedido. -¡Vamos ya!- gritó suavemente el hombre. –Esta oscuridad no es la que he escuchado en la radio- Ahí la sombra se detuvo. Una gota de lluvia cayó exactamente en su centro, incluso desde algún punto parecía como si la sombra estuviese llorando. –Has permitido que salga solo porque estabas seguro de la luz de la Luna- dijo atónita. El hombre se quedó inmóvil, tratando de hacerla olvidar ese último segundo. Una leve llovizna se apoderó del momento, pero rápidamente se transformaba en tormenta. Las nubes se encargaban de acomodar de una forma tenebrosa a la noche, apartando a la Luna y dejando a breves relámpagos a cargo de las luces. Todavía se podía notar a la sombra inerte en el asfalto, dándole la espalda al hombre, quien trataba de hacer sonar sus palabras a través de la tormenta. Una nube se llevó con ella una parte del relajo, el silencio que había dejado hacía juego con el aroma a tierra mojada. La oscuridad impidió saber qué había pasado después.

Desde esa escena, la sombra del hombre solo mostró la espalda, no tuvo rostro ni voz el resto de su estadía en los suelos. Ya no quiso saber sobre la noche. Pasaron los días y, cuando la sombra se aburrió, lo dejó al fin. El pobre se volvió mudo, pasaba ratos buscando en los suelos algún rastro de alguna sombra perdida, se consumía en sus noches. Cambió el sueño nocturno por el diurno y sus caminatas a la luz del sol por la luz de la luna. La ilusión lo mantuvo amarrado a la realidad por el resto de sus días, pero siempre quedaba un vacío dentro de él, el cual, sin saberlo, tenía sombra propia.

Sin sentido nocturno

Noches me traen más palabras que la misma Luna, no es por ella que permanezco en desvelos. Atrás de ella se encuentra algo más que paradoja, algo más que un universo. Atrás de ella hay esperanza muerta, abandonada al salir de la puerta de un fin de mes. Como un satélite natural parcialmente iluminado por el sol durante la oscuridad. Se va en marzo, regresa en abril, se va el veintisiete, regresa el veintinueve. Va y viene, como el recuerdo. Lo cierto es su voz escondida, distorsionada por la música en silencio. Una sinfonía codificada. Luna de Xelajú que nunca llega tarde,llega noche.

Long and winding road (Inicio)

Extrañaba su inicio, tenía el centro empapado de una extrema melancolía, su valor había sido derrumbado como por arte de magia y su camino era de nunca acabar. Estaba cansado, agobiado de sudor sobre todo el cuerpo, con la mirada fija en la nada, perdida entre una parte del todo; él solo extrañaba su inicio, forzado, abatido, pero no quería detenerse entre las sombras del pasado, el futuro de la línea que dividía su vida era cruel a su parecer, su centro conocía la culpa de a poco y la expandía hacia las garras de la mente, dejando desnudo al pasado y mal premiado al presente, consecuencias, más consecuencias y puntos depresivos ante su gusto; música antigua invadía sus extremidades hasta hacerlas llorar y finalmente llegó a su propia conclusión: era solo cansancio y un oasis de pensamiento. Comenzó a escribir mentalmente, eso le parecía gracioso en algún punto de la cabeza:

La tarde siempre llega, viene después del “a tiempo”, supongo. Pero más que tarde, tengo noche, noche de día; ahora que lo pienso, soy el único que es consciente de su llanto a la luz del sol. Y no es cualquier llanto, es un llanto de hogar, de futuro lejano en el pasado, de reencuentro enredado. Quizá es otra cosa, tanto y tan poco he pasado, tanto y tan poco he sentido, creo que por más que quiera, nunca lograré sentir como se debe y tal vez a eso se deba la tristeza. Tal vez mi hogar me sentía a mí y yo a él; cada palabra que disparaba, la conocía completa. Fuera de ella ni a mí me conozco, es reencuentro a fin de cuenta. ¿Será llanto de miedo? Miedo a lo desconocido, a la lejanía, al horizonte eterno. ¿Será melancolía? Me desconozco ya, ni siquiera puedo suponer qué me pasa y eso es un tanto bueno, si queremos decir que he cambiado mentalmente [soltó una pequeña risa, pero la contuvo rápidamente] nada cambia y todo cambia. Vos cambiás cuando menos pensás, Tenpenny. Todos lo saben. O sea que no he cambiado porque estoy pensando ¿o sólo hablo en mi cabeza? [Soltó otra sonrisilla] creo que no importa, al menos mi tristeza ha bajado ya, solo espero que no me visite de nuevo y pare quedándose.

Nostalgia

Lapsos acariciaron tu superficie, te saqué muchos trucos. Fuiste la primera en sentir mi novatismo y te agradezco el saber interpretar mi locura. Fuimos, esa es la única conclusión cierta dentro del cuarto que compartimos. Mientras tu soledad llenaba mis sueños, otros se disponían a dañar nuestra libertad. Éxtasis recorría esas noches de Gloria bajo el vino celestial cayendo del cielo, acariciándonos, colapsándonos, guardándonos en un par de fotografías que no son nada hoy en día. ¿Dónde quedó el resto de la madera que gasté en ti? Aseguro con todo el subconsciente que aún guardas pedacitos de baquetas bajo la esponja que recubre tu interior. Yo también cambié tus parches, yo cometí varios errores contigo, yo y solo yo quería el derecho sobre ti. Varias veces olvidé que eres solo un instrumento, varias veces recordé que eras mi instrumento. Por la voz que sacabas a duras penas cuando el doble pedal rebotaba sentí que me disfrutaste también a mí. Hoy solo quiero que no te olvides del ritmo que inventamos juntos. No soy el mismo, y quiero prometerte falsamente que volveré a sentir tu cálido banquillo, haciéndote recordar el estilo de mis toscas y descoordinadas manos. Aún tu color sigue en mi mente, mi querida Mapex.

Casa

En aquellos días tenía un pasatiempo cuando pasaba de las cuatro de la tarde y un café frío. Lunes a domingo visitaba mi pórtico para poder admirar de frente esa casa que había pasado más años en la realidad que yo. Esa peculiaridad acariciaba mis pupilas congeladas puestas en ínfimos y falsos posibles insomnios dentro de una casa víctima del abandono repetido. Pasaba más tiempo haciéndome compañía que con personas dentro de ella. Era frágil, suave, morena, con ventanas amplias y una puerta que siempre se mantenía sellada. Podría jurar que los giros de su silueta dibujaban mi interior despreocupado. Podría jurar que su alma tenía voz de mujer.

Vivo solo, agobiado por un motor social que nunca ha arrancado. La vista se me ha bloqueado, por eso uso gafas gruesas. Paso tardes completas con los ojos cerrados, esperando por alguien que me presente a mi yo anterior. Creo que me absorbe hasta su interior; antes de dejar esa casa, siempre me despojo de mí un lapso de tiempo para abrazarla. Pasar de una realidad a otra me mantiene vivo.