Rotando

No persigo el énfasis, sino lo impredecible y el cómo detenerlo, utilizarlo como excusa para no llegar al fin; cambiarle el nombre y permitirme darle forma por detrás… agregarlo a lo pendiente por ser descrito.

Sé que ceder el paso a los límites y no dejarlos a la deriva me hace partícipe de la conclusión que nunca quiero alcanzar. El fin nunca pierde certidumbre y acerca su paso lento hacia mí, pero mientras la cordura golpee el pecho con su calor nostálgico, el recuerdo permanece activo y me deja seguir con las historias inconclusas…

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Fuera de mis líneas fuiste el sentido y el lugar; dentro, sos lo que está bien. Fuiste punto ciego, desvarío; pero también tiempo detenido. Hoy sos un recordatorio de mis límites, la hora de la noche a la que nunca llego despierto, palabra que agoniza en el puño y muere ensangrentada en papel. Y vas a ser conciencia, melancolía, cierre de la última noche de abril, lo que preparé frente a mí durante días enteros y salió de lo peor.

Punto de partida, punto ciego, punto muerto.

Dos vos.

Todo llega, no hay tiempo.

Entre el sabor amargo de pasado e incertidumbre o en noches insípidas nubladas y fugaces, cuando se alcanza el punto muerto y vano donde las palabras flotan sin significado alguno.

Llega como idea, inspiración, recuerdo, reflexión en espejo, abriendo el solitario nombre repetido incontables veces a lo largo de la historia. Camina al lado, silencioso, como sombra atravesando los días en los que nunca estuvo, como todo lo demás desvaneciéndose cuando en el fin se menciona y volviendo irreconocible, olvidado.

Oculto en palabras, en pérdida, esperando al golpe de contradecirse en retrospectiva, esperando a los dos vos.

Hora fina

​Todo se concentra en fragmentos contados con el instante de un parpadeo; se apaga la luz consciente y la idea de uno mismo se ve en todo lo demás… y ya ciego, el golpeteo en el pecho transformado en palabras al fin sale, se va, se deshace el exterior y con los últimos latidos se sostiene la voluntad de permanecer en éste plano aunque la oscuridad le envuelva. El ruido exterior se transforma en el último enlace luego de abrir los ojos y ver directo a nada, que irónicamente se transforma en todo lo que existe. Lo más importante se acerca, la última luz, el legado, una última oportunidad de tocar una idea para cambiarla, arreglarla: las últimas palabras.

​Si es posible la contracción en caminantes la habría encontrado dormido y la olvidaría al momento de volver a mi ruta programada. Vivo ido, fuera del fin, siempre en movimiento junto a algunas sombras perdidas en el tiempo y la culpa.

Si querés respuestas sólo mantené la vista enterrada en mi cuestionable cara hasta la línea final, aunque nunca haya existido realmente; dame tiempo, ya tengo demasiado con tu nombre anclado a la tarde de mis últimos domingos y tus frías manos sobre mi nuca el resto de la semana; dejame perder la cordura con las ventanas de los edificios y palabras sin sentido, no tratés de hacerme ver lo lejos que estoy de seguir en el camino, al final siempre voy a voltearte a ver.

Fuera de mí sólo pude cerrar el puño y esperar por la serenidad y cordura restantes; dentro, tiempo detenido. No vi más que mis párpados en esa noche, todo fue indiferente, sólo existía lo que yacía frente a mis pies. No hubo distinción entre lo esperado en las sombras y lo hecho ante sus ojos, todo iba sucediendo en el mismo momento, una y otra vez…

Y vos, con la voz inevitablemente encendida sólo cuando me mirás con rencor, que cuando acomodás mi nombre en tus palabras siempre ocultás más de lo que decís, y que al obligarme a mantener la vista anclada a tu persona volteás a ver a la ventana: te llevás la apatía por las cosas que nunca fueron y devolvés la locura al tiempo perdido; seguís llevando el sentido ajeno a la razón fría que nos espera, esa invalidándose a sí misma cada vez que me la decís de frente…
Vos acercás lo indefinible e impreciso del final del día: el inicio al sueño incierto vagando e inventando nombres para mantenerme ocupado, mantenés la atención dispersa entre las líneas temporales que atraviesan mi cabeza mientras te paseás con desdén entre las historias que nunca voy a terminar.

Dejando pasar.

Verse de frente, acostumbrarse al paso continuo de los pies, prepararse para salir por la mañana, llegar, hacer, salir; llegar otra vez, dormir, volver; recordar, mantener, hablar, escribir, y volver. Acostarse, irse. Adiós día. Y entre cada tiempo, el saber qué se va a hacer a continuación parece ser ignorado, como si la inconsciencia perdura oculta ante sí misma, o como si no quisiera prestar atención a lo que no importa. Paso intentando ir de segundo a segundo, viendo y escuchando, los segundos pasan tratando de hacerme olvidar, y se quedan con lo suyo la mayor parte de las veces, haciendo parecer que quieren dejar mi ruta en círculos cada uno de los días. Para mi ventura (o desventura) ya todo lo desconocido lo conozco. No soy el mismo casi siempre, y no es por decisión unánime, es el día, el siguiente, el anterior, el de ahora, el que nunca va a pasar. Ya sé lo que no sé, o al menos trato de inventarlo para intentar ser consciente de lo que no existe. Hay riesgo para lo que no tiene memoria, es un boomerang que vuelve pero nunca cae en el mismo lugar, algo que pasa y pasa y pasa pero nunca lo hace realmente, aunque siempre esté ahí, pasando.

58

No quiero que me mirés a los ojos, que entendás qué hago o digo cuando tenés las pupilas clavadas en mí. No me mirés así cuando estoy desvaneciéndome ante la sombra del problema y creyendo en el fin de mis pasos. No quiero volverte consciente de lo escondido detrás de las palabras dichas por mí para redundar mientras trato de entender el cómo y los porqués, y tampoco me digás lo que ya escribí repetidas veces en mi memoria. No quiero que me mirés mirándote, tratando de deshacerte en palabras y explicaciones que nunca voy a lograr concluir, y tampoco quiero que logrés entender mi idea de lo que sos porque no me gusta dar por concluido el camino. Mejor seguí así, haciéndote loca por lo demás, concentrada en la silueta de las cosas pasando por tu cabeza, caminando tan suavemente, como queriendo ocultar tus pasos…

Dejame los problemas a mí, vos seguí siendo pregunta…

Esperando nacer

Y vos, sentado, pensando una y mil veces, reteniendo la claridad de los frentes cuando están detrás de vos, olvidando tus mismos ojos para describir lo que no pueden ver. Solo vos sabés qué más se hace cuando no se llega a ningún lado, te quedás esperando y esperando lo que solo vos podés esperar por tanto tiempo sin perder la cabeza. Llegás a ver el resto ya cuando es tarde, siempre siendo alguien más atado a quién sabe qué; llevás a la calle a donde vas para poder recordarla cuando lleguen tus últimos días. Caminás en círculos para poder avanzar, cambiás el camino para volver a sentir el frío del asfalto y regresar al inicio, pensás encima de lo que estás y nunca vas a estar, lo tenés todo en la cabeza.

Y vos, sentado, pensando una y mil veces, reteniendo la imagen de lo ido y ya nunca va a volver, recordando las descripciones y repasándolas tratando de encontrar el punto que alguna vez dejaste perdido. Solo vos creés saber lo que se hace cuando al final del ciclo todo vuelve a iniciar, ya el tiempo te pasó encima y seguís sentado perdiendo la cabeza. Van a llegar tus últimos días y vas a seguir en la misma calle que ya tu memoria tiene impresa en tu rostro, caminás y caminás bajo la misma lluvia, y a veces, siguiéndola, recordás olvidar y volvés a sentarte y pensar una y mil veces, dejando ir y reteniendo las ideas que creés inmersas en tu cabeza para poder ver al final, cuando te encontrés en la misma calle y al asfalto aún frío, que tenías razón: ya perdiste la cabeza.