Fuera de mí sólo pude cerrar el puño y esperar por la serenidad y cordura restantes; dentro, tiempo detenido. No vi más que mis párpados en esa noche, todo fue indiferente, sólo existía lo que yacía frente a mis pies. No hubo distinción entre lo esperado en las sombras y lo hecho ante sus ojos, todo iba sucediendo en el mismo momento, una y otra vez…

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Y vos, con la voz inevitablemente encendida sólo cuando me mirás con rencor, que cuando acomodás mi nombre en tus palabras siempre ocultás más de lo que decís, y que al obligarme a mantener la vista anclada a tu persona volteás a ver a la ventana: te llevás la apatía por las cosas que nunca fueron y devolvés la locura al tiempo perdido; seguís llevando el sentido ajeno a la razón fría que nos espera, esa invalidándose a sí misma cada vez que me la decís de frente…
Vos acercás lo indefinible e impreciso del final del día: el inicio al sueño incierto vagando e inventando nombres para mantenerme ocupado, mantenés la atención dispersa entre las líneas temporales que atraviesan mi cabeza mientras te paseás con desdén entre las historias que nunca voy a terminar.

Dejando pasar.

Verse de frente, acostumbrarse al paso continuo de los pies, prepararse para salir por la mañana, llegar, hacer, salir; llegar otra vez, dormir, volver; recordar, mantener, hablar, escribir, y volver. Acostarse, irse. Adiós día. Y entre cada tiempo, el saber qué se va a hacer a continuación parece ser ignorado, como si la inconsciencia perdura oculta ante sí misma, o como si no quisiera prestar atención a lo que no importa. Paso intentando ir de segundo a segundo, viendo y escuchando, los segundos pasan tratando de hacerme olvidar, y se quedan con lo suyo la mayor parte de las veces, haciendo parecer que quieren dejar mi ruta en círculos cada uno de los días. Para mi ventura (o desventura) ya todo lo desconocido lo conozco. No soy el mismo casi siempre, y no es por decisión unánime, es el día, el siguiente, el anterior, el de ahora, el que nunca va a pasar. Ya sé lo que no sé, o al menos trato de inventarlo para intentar ser consciente de lo que no existe. Hay riesgo para lo que no tiene memoria, es un boomerang que vuelve pero nunca cae en el mismo lugar, algo que pasa y pasa y pasa pero nunca lo hace realmente, aunque siempre esté ahí, pasando.

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No quiero que me mirés a los ojos, que entendás qué hago o digo cuando tenés las pupilas clavadas en mí. No me mirés así cuando estoy desvaneciéndome ante la sombra del problema y creyendo en el fin de mis pasos. No quiero volverte consciente de lo escondido detrás de las palabras dichas por mí para redundar mientras trato de entender el cómo y los porqués, y tampoco me digás lo que ya escribí repetidas veces en mi memoria. No quiero que me mirés mirándote, tratando de deshacerte en palabras y explicaciones que nunca voy a lograr concluir, y tampoco quiero que logrés entender mi idea de lo que sos porque no me gusta dar por concluido el camino. Mejor seguí así, haciéndote loca por lo demás, concentrada en la silueta de las cosas pasando por tu cabeza, caminando tan suavemente, como queriendo ocultar tus pasos…

Dejame los problemas a mí, vos seguí siendo pregunta…

Esperando nacer

Y vos, sentado, pensando una y mil veces, reteniendo la claridad de los frentes cuando están detrás de vos, olvidando tus mismos ojos para describir lo que no pueden ver. Solo vos sabés qué más se hace cuando no se llega a ningún lado, te quedás esperando y esperando lo que solo vos podés esperar por tanto tiempo sin perder la cabeza. Llegás a ver el resto ya cuando es tarde, siempre siendo alguien más atado a quién sabe qué; llevás a la calle a donde vas para poder recordarla cuando lleguen tus últimos días. Caminás en círculos para poder avanzar, cambiás el camino para volver a sentir el frío del asfalto y regresar al inicio, pensás encima de lo que estás y nunca vas a estar, lo tenés todo en la cabeza.

Y vos, sentado, pensando una y mil veces, reteniendo la imagen de lo ido y ya nunca va a volver, recordando las descripciones y repasándolas tratando de encontrar el punto que alguna vez dejaste perdido. Solo vos creés saber lo que se hace cuando al final del ciclo todo vuelve a iniciar, ya el tiempo te pasó encima y seguís sentado perdiendo la cabeza. Van a llegar tus últimos días y vas a seguir en la misma calle que ya tu memoria tiene impresa en tu rostro, caminás y caminás bajo la misma lluvia, y a veces, siguiéndola, recordás olvidar y volvés a sentarte y pensar una y mil veces, dejando ir y reteniendo las ideas que creés inmersas en tu cabeza para poder ver al final, cuando te encontrés en la misma calle y al asfalto aún frío, que tenías razón: ya perdiste la cabeza.

A. S.

Eran más de las nueve; seguía lloviendo más por dentro que por fuera. A pesar de las cosas, seguía confiando en lo próximo y el presente permanecía inerte entre sus puños. Empezó a hablar, hablarse a sí mismo, en silencio, entre cada segundo, tratando de dejarse en claro que la conciencia lo rodeaba y lo hacía verse, saber cómo llegar, seguir y encontrarse entre tanto pasado. Salió a la puerta para refrescar su memoria, el contraste fuera calmaba las voces, las hacía escuchar y lo perdían entre el sonido del caer de la lluvia.
La noche no parecía tan oscura, la lluvia no caía desordenada, el tiempo iba y venía conforme él inhalaba el aroma no tan fresco del viejo pueblo. Todo ahí tenía un nombre, pero se llamaba a sí de otra manera. Tenpenny lo sabía, se lo repetía a sí mismo; sin embargo, sus manos temblorosas le hacían ver los cambios que podrían hacerlo llamarse como siempre lo había hecho, la sensación del querer desaparecer y huir de todo bloqueaba la libertad que podría haber sentido alguna vez, pero el cansancio pudo más y luego de un par de horas el sueño se apoderó de su conciencia.

Después…

Desconozco los finales y los veo siempre de frente, son solo caminos perdidos en el horizonte; son solo pasados que todavía siguen pasando, aquellas memorias de las cosas que nunca fueron permaneciendo latentes entre las manos frías que más recuerdo. Nunca sé cuándo la pregunta se convierte en respuesta, sin embargo voy directo hacia ellas para admirarlas de cerca y sentarme fuera para poder sentirlas junto a las voces que las pronuncian bajo la luz negra de la noche. Tal como perseguir una utopía inmóvil impresa en una fotografía y un rostro de los que nunca se olvidan, viajando siempre en el alma de los solitarios…