El mendigo en el andén

No seas víctima de los años, no todos tienen un nombre escrito. No se quién te persigue o lo que vos perseguís, tampoco soy consciente de lo que dejaste o te dejó.

Cuando vos estás fuera, sólo me queda esperar despierto hasta que la noción te devuelva a la conversación y que por alguna extraña razón agregués mi nombre a tu lista de cosas por llevar a tus lugares oscuros. Podría quedarme en la puerta por días, pero no quisiera yo perder lo único cuerdo que te ata a mí y dejar que todo se vaya al carajo. No se si el día se vaya a encontrar, quisiera estar seguro pero mi arrogancia y costumbre de negar los hechos futuros me hace recobrar el sentido real de lo que continuamos llevando hasta acá, pero también me hago reconocer que no todas las líneas llevan a un final.

No tiene sentido dejarte de pensar para empezar de nuevo, se me van los días tratando de alcanzar desesperadamente un lugar que no esté ocupado por otra historia dueña de tus ojos. Tratar de llevarte el paso tampoco me acerca, sólo me recuerda al destiempo ya formando parte de mí y los lugares que nunca he podido dejar atrás por su causa…

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