Contratiempo

De algún lado regresábamos, yo con la vista hacia abajo y ella hacia el frente.
El silencio en mi cabeza se opacaba constantemente por las gotas cayendo a tierra y por mis pasos lentos y resonantes a causa del agua que se les había colado.
En cada paso, ella pisaba mas fuerte porque sabía que las huellas en el agua, como su estadía, no durarían.
Mientras yo caminaba sentía que estaba donde debía: en ningún lugar, saliendo de cada punto que había atravesado ya.
Ella no quería saber del camino, mantuvo siempre la mirada hacia adelante, huyendo de alguna manera a las historias que quedarían impregnadas ahí.
Me detuve al fin en una intersección, cuando entre un punto del bulevar ya no fueron mis pasos los que se escucharon ni voluntario el movimiento de mi vista hacia ella.
Sus labios certeros soltaron una sonrisa al tiempo, yo por siempre llegar tarde no le pude responder.
Sin detenernos pasamos los pocos metros que nos quedaban entregándonos el dolor de la tarde, como si de alguna manera comprendiéramos al otro con tan solo la impresición de los pasos.
Cuando quedamos al lado nada se detuvo, seguimos caminando, inseguros de lo que había pasado ahí. Solo el otoño fue testigo, ni yo ni ella.
Solo fuimos las voces de dos fantasmas que nunca más se volvieron a encontrar…

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